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"MAR ADENTRO"
Por Rogelio Pujol

¿Con qué objetivo los familiares de Ramón aceptaron la propuesta de Amenábar? ¿Hubiera estado Ramón conforme? Sí, es cierto que la película despierta muchas preguntas pero no las suficientes. En un modesto punto de vista, el film se queda a un paso de lo que prometía, le deja a uno frío, pese a tres o cuatro escenas de puro éxtasis cinematográfico(véase la pasión con que se filma ese beso imaginario en la playa).

Uno se puede preguntar: ¿Por qué un hombre cuerdo como Ramón optó por deshacerse de su vida (y ello, aunque pedía una muerte digna, a los ojos del presente sigue y seguirá representado un suicidio) desaprovechando su mente, tirando por la borda todos los cuidados de sus familiares, mientras Julia, aun preocupada por su futuro, decide seguir viviendo hasta llegar el más absoluto caos que el ser humano puede sufrir: el deterioro de su mente, la pérdida de control sobre sus pensamientos? Pero un servidor no está aquí para criticar la vida de nadie. Toda opción es válida y depende del cristal ocular desde la que se enfoque. No hay opiniones más válidas unas que otras, simplemente hay opiniones, y el intentar discutirlas hace que el hombre se muerda la cola y rompa el respeto a sus semejantes. Uno está aquí para tratar una película, hablar de cine, al fin y al cabo.

Así pues, hablando de cine, otra cuestión: ¿por qué? ¿por qué Amenábar? ¿por qué ahora? Salta a la vista que su carrera necesitaba un cambio de registro (un cambio que para los malpensados fuera paralelo al anuncio público de su homosexualidad) para romper esquemas y así convertirse en unos de los más valientes cineastas españoles en los últimos años (amén de Médem).

Recordando los personajes, me siento en la obligación de comentar la parte del film que lo daña, esa parte pecaminosa. Estoy hablando del personaje del cura. Opino que no hacía falta dar un toque cómico a tal rol. Si lo que se quería era suavizar el tono de la película, esto se podría haber hecho de otro modo. Las apariciones de Pou (nada en contra de él y su actuación) quedan como un pegote en el film, como fuera de él, y no deberían haber quedado de ese modo, siendo unas de las partes que considero más importantes en el exposición y consecución de los hechos.

Se puede pensar del director que éste ha dotado a la película de una justa visión de la eutanasia a modo de equilibrar la balanza en la opinión pública . Los últimos minutos del film me desvelan lo contrario. ¿Qué sentido tiene filmar a Julia, después de la muerte de Ramón, sino es para mostrar la atrofiamiento cerebral que le ha regalado su enfermedad, para mostrar los reductos que la vida (la opción de Julia, la otra cara de la moneda) ha dejado en su ser? Viendo esto uno piensa: Ramón ha sido listo. Pero esto ha sido un engaño, una manipulación. Toda la película es una sucesión de artimañas (endiabladamente elaboradas) para guiar al espectador por un camino que no esperaba, para convencerlo de algo, cuando en estos temas no hay que convencer a nadie de nada, hay que dejar que los pensamiento fluyan, sin forzarlos, sin colocar imágenes de flash-back allá donde no son necesarias, sin recurrir a la comedia fácil para contrarrestar.
Lejos de lo artificioso que pueda parecer el film (que en ocasiones me recordó a "Las Horas") sorprende la naturalidad de los actores. Todos, y lo remarco, ofrecen la actuación de su vida. Ahí está Lola Dueñas, una madrileña que parece que haya vivido toda su vida como gallega; Belén Rueda, que adopta unos gestos que a uno no le dejaron indiferentes, realizando un gran trabajo interior (y todo trabajo interior, ya se sabe, ayuda a hacer viable la escenificación exterior); Javier Bardem, que previsiblemente ha visto recompensada su actuación con la copa Volpi en el festival de Venecia, aparece realizando un trabajo que no sorprende pues es lo que justamente se esperaba, pero sí hace subir un peldaño más en su consolidación como uno de los mejores intérpretes de su generación. Con esto, destacando sobre todos, aparece el papel de la cuñada de Ramón, interpretado por Mabel Rivera. La actriz imprime al papel, naturalidad, dolor, impotencia, y sobre todo contención, una contención que se agradece en todo el cargante metraje del film.

ROGELIO PUJOL RODRÍGUEZ