Si no recuerdo mal , habíamos dejado el tema
de las neuras en la fila. Pues bien retomemos el camino, pero antes
de continuar con el tema, quería señalar un comentario
acerca de este artículo mandado por un amigo colaborador de
Orense. Él trabaja como operario de cámara en un cine.
Me comentaba las particularidades de las sesiones de las 22.30 y decía
así la cosa:
"Por cierto
te falta un grupo de cinéfilos que no mencionabas en tu reportaje:
las
putas y los chulos ¿increíble? pues es cierto, creeme,
los lunes y los
martes abundan sobre todo (deben ser sus días libres) en la
última
sesión, entran en grupitos de 7 u 8 acompañadas por
el chulo que entra
todo orgulloso; y por cierto son el peor de los grupos, pues comen
palomitas y las tiran, se ponen a discutir y a hablar por teléfono
dentro de las salas. Te juro que todo esto lo he visto."
Sin palabras ¿Verdad? esto no lo he sufrido
nunca, pero ni ganas tampoco.
Bueno aclarado este tema, sigamos adelante. El siguiente punto era
la butaca. Quien no recuerda esas grandes batallas con el vecino por
hacerse con el control del antebrazo. Una lucha sin fin, hasta la
extenuación o mejor dicho hasta el final de la película.
Cualquier estrategia es buena por ser el dueño de ese pedazo
de la butaca, esencial para sentirse a gusto durante la visión
del film. Pero el problema no termina ahí, hay que seguir luchando
con el otro bando. Porque en esta guerra hay tres bandos, uno a tu
izquierda y otra a tu derecha, salvo claro esta te sientes en una
esquina.
En cuanto al estilo hay varios bien diferenciados. Están la
de toda la vida, aunque bien es cierto que son una especie en verdadero
peligro de extinción, son incomodas hasta decir basta. Al cabo
de un rato sentado en ellas, ya no sabes si tu cuello sufre de una
extraña enfermedad por el cual toma vida propia o porque tu
cabeza gira hacia la derecha cuando quieres ver de frente o sino esa
angustiosa sensación de que tu parte superior va dejar caer
todo su peso sobre los hombros. Me acuerdo de una doble sesión
en uno de los maravillosos cines de reestrenos, al salir de la sala
necesite varias sesiones de masajes para recuperar ese trozo de mi
ser. Después están aquellas butacas que se han quedado
a mitad camino entre de lo moderno y lo clásico.. Las reconoceréis
por estar agujereadas para meter el vasito de coca cola o la botella
de agüita de los huevos. Y quien no bebe,¿porque ha de
soportar semejante agujero en medio? joder siempre que vas apoyar
el brazo, el codo se hunde por ese maquiavélico invento del
demonio.
Y para acabar nos encontramos con el tercer modelo de butaca ultramoderna.
Espaciosa, donde la separación entre las filas es enorme, vamos
ideal para un sueñecito si la película es un bodrio
de tres al cuarto. ¡¡¡BRAVO!!!! por el inventor
de este maravilloso artilugio.
Bueno ya van quedando menos cosas por destripar. De lo último
que nos queda por ver es la compañía ideal para ir al
cine. Este es un tema muy complicado que puede herir la sensibilidad
de muchas personas. A mi me encanta ir solo al cine, aunque he de
confesar que me costó bastante dar ese paso. Al principio no
entendía la idea de un ser solitario frente a la gran pantalla.
Pero ahora es descubierto el placer. Me ahorro los comentarios del
vecino y los enfados a la conclusión del largometraje. Por
que supongo que os habréis fijado,pero raramente dos personas
suelen ver lo mismo. A veces he llegado a pensar:¿No se habrá
ido este chalado/a (con perdón) a otra sala? ¿pero que
me está contado este tío/a?
Por no hablar del hecho de quedar, la historia se repite una y otra
vez:" Hoy no puedo he quedado con ....,
mañana me voy a........, pasado no me viene bien por...........pero
oye que yo la quiero ver no te vayas sin mi ehhh, " Esto
os suena ¿verdad? total que el 90% de las veces te quedas sin
ver la película.
Pero hay ocasiones que la compañía es grata, pero que
muy grata, entonces que mas da lo que echen en ese cine, como para
ver la pantalla, con otros espectáculos en la sala.
Hasta luego y total no seáis
muy neuróticos. A cuidarse