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TRIO DE ASES
Por Virginia Rodriguez

"EN LA CIUDAD SIN LÍMITES" de Antonio Hernández (España, 2002)
"LAS INVASIONES BÁRBARAS" de Denys Arcand (Francia / Canadá, 2003)
"BIG FISH" de Tim Burton (EE.UU., 2004)

Tres hijos que viven lejos de sus padres. Uno de ellos, Víctor (Leonardo Sbaraglia, "La ciudad sin límites"), en Argentina por motivos de trabajo; los otros dos porque no se llevan bien con ellos y hace ya tiempo que se marcharon, Sébastien a Francia (Stéphane Rousseau, "Las invasiones bárbaras") y Edward junior a Inglaterra (Billy Crudrup, "Big Fish"). Europa y América se unen y se separan así por distintos motivos. La llamada de sus madres avisándoles de que sus padres se mueren, les lleva a regresar al lugar donde crecieron y de donde un día huyeron. En ese momento el pasado se hace presente en sus recuerdos y éstos dan sentido al futuro más inmediato. A lo largo de la trama, el hijo se reencontrará con su padre, le ayudará a reconciliarse con lo que ha sido, con su propia relación, a darle un significado a la vida que se le escurre entre los dedos. Juntos llegarán a conocerse de una manera que nunca antes hicieron y al final, de la desaparición de uno nacerá el recuerdo imperecedero y vivo en la memoria del otro, con la satisfacción y el orgullo mutuo de haber comprendido el significado de lo que es vivir.

"Cuando estoy solo, los que nos tienen encerrados en esta ciudad miran mis sueños y así, lo averiguan todo"

Max (Fernando Fernán Gómez, "En la ciudad sin límites") transmite temor en su mirada. Su hijo sabe que algo le preocupa, ve a su padre angustiado no sólo por la idea de la cercana muerte, y siente la necesidad de ayudar a que realmente pueda descansar en paz. ¿Su misterio?: el significado de la palabra amor, una palabra que el miedo le arrebató, un miedo del que se ha arrepentido todos los días de su vida pero del que no había logrado desprenderse hasta el momento en el que ve que el tiempo se le termina. Víctor, su hijo, será los ojos, las piernas, la voz de su padre, su confidente, su fuerza ausente y de ese modo, irá descubriendo quién es aquel que creía conocer.

"Que otras vidas más hondas sofoquen mi nostalgia. Y que el don del valor me sea concedido. (…) Que las luces se apaguen y en la noche del cine, una breve mentira nos convierta en más vivos"
(Carlos Marzal)



Rémy (Rémy Girard en "Las invasiones bárbaras") ha vivido siempre intentando enseñar a ver el mundo como una utopía realizable. Pero siente que su propia vida no ha sido sino un cúmulo de sueños que se han quedado por el camino. Su hijo representa esa cesión frente al capitalismo contra la que siempre ha luchado, pero aquel se empeñará en hacer de los últimos días de su padre una placentera realidad. Así uno aprenderá de la experiencia del otro y éste se beneficiará de la forma de vida de aquel que criticaba. Y al final le ayudará a comprobar que no necesitaba buscar más allá de sus recuerdos, de sus amigos, de sus ideas, de su amor platónico en la pantalla del cine, pues todo ello permanece vivo y es su verdadero motivo para vivir, su verdadero consuelo para morir.

"Era un pez demasiado grande en una pecera demasiado pequeña"

Edward Bloom (Albert Finney y Ewan McGregor, "Big Fish") es una fuente inagotable de historias con las que maravilla y entretiene a todos menos a su hijo, historias sobre su vida que éste siempre ha creído inventadas. La fantasía de su padre es el muro que les separa, y se empeña en querer saber la verdad, que no le cuente más mentiras. Poco a poco irá abriendo los ojos al comprobar que quien estaba dormido en una falsa realidad era precisamente él, y que su padre no es sino la suma de sus cuentos, que su vida no ha sido un sueño, pero sus sueños han sido ciertamente una realidad.

Tres hijos, tres padres, tres historias, tres películas diferentes y un ingrediente común. La necesidad de demostrarse a uno mismo que su vida no ha sido en balde, siendo los hijos los encargados de trasmitírnoslo. Una vez conseguido el propósito, enmendado el error, recuperada la ilusión, descubierta la verdad, ya es posible despedirse como es debido. Con una carta que resuma sentimientos reprimidos durante tal vez demasiado tiempo, con el susurro al oído de palabras de gratificación y consuelo, con la última escena del último de sus cuentos pero estando presente todas las personas que han significado algo en su vidas; con lágrimas y luto, en silencio, con sonrisas y color, pero en todos los casos, con la seguridad de que al vivir en los corazones de los demás, nunca morirán.


VIRGINIA RODRIGUEZ HERRERO