La 7ª película de Pedro Almodóvar supuso toda una revolución allá por 1988, consiguió conquistar tanto a público como a crítica, arrasando en taquilla, cosechó gran cantidad de premios y supuso la confirmación del director abanderado de la movida de los ochenta.
“Mujeres al borde de un ataque de nervios”, es una alocada y disparatada comedia de situación, pensada como tal y expresada de la mejor forma que se puede hacer una película de este género. Con el fondo trágico-pasional tan característico de Almodóvar, con las reseñas made in Spain, a base de gazpacho, en esta ocasión, crea una historia un tanto surrealista con la que consigue atrapar al espectador desde el principio.
A partir de un guión enrevesado, con un ritmo excelente, donde los personajes están magníficamente construidos. Se enfrentan a una serie de enredos, que acaban bien solucionados con un derroche de frescura y naturalidad, a pesar de los disparatados sucesos que nos presentan. Un guión inspirado en el monólogo Couter, en el que Almodóvar hace su particular versión, poniendo voz al hombre, cuerpo, incluso hace de la voz su herramienta de trabajo.
El elenco artístico encabezado por Carmen Maura, quien da vida a Pepa una actriz de doblaje que mueve cielo y tierra para contactar con su amante, convirtiéndose en toda una heroína moderna. La Maura da lo mejor de sí misma en este papel, con ese toque de locura cuerda, pero totalmente entregada por amor, consigue hacer comedia de la soledad y la desesperación. Pero es que además está rodeada de unos secundarios donde todos por muy pequeña que sea su aparición dan la réplica de forma magistral, cada uno tiene la frase adecuada.
Desde Loles León en una aparición breve como telefonista, a Julieta Serrano, con un personaje de lo más cómico y triste a la vez. Excepcional está también Maria Barranco en uno de los mejores papeles de su carrera. Igual de efectista es la actuación de Kity Manver o Rossy de Palma, en su sueño orgásmico. Sin olvidad a la gran Chus Lampreave, la testigo de Jehová, que le da a cualquier película que haga una grandiosidad por pequeña que sea su aparición y si es con el de la Mancha más aún. Sienta así las bases de ser un director de actrices, como ha demostrado posteriormente en “Todo sobre mi madre” o “Volver”.
Pero estas mujeres sufren por los hombres, Pepa por Iván, interpretado por Fernando Guillén, representa la voz, lo masculino, el hombre que lleva a la locura a cualquier mujer, consigue dejar claro cual es su función dentro de esa trama. Antonio Banderas, es su hijo y por casualidades de la vida acaba conociendo a la amante de su padre, un papel que le abrió muchas puertas, a pesar de estar en un registro bastante diferente de los que se ha movido después. Pero aquí impresionan tanto protagonistas como secundarios y Guillermo Montesinos, en sus apariciones consigue arrancar la risa en todo momento de la forma mas natural, gracias a lo hortera de su taxi.
Otra seña de identidad de las películas de Almodóvar, son sus decorados, cargados de colorido, en esta ocasión sitúa las escenas principales en un ático, muy amplio, que acaba siendo un protagonista más de la historia, consiguiendo dar un toque teatral. Igual que el teléfono y el contestador, una referencia que hace a su trabajo, antes de dedicarse al cine, era telefonista. A base de colorido, consigue una iluminación y una fotografía que acompaña en todo momento a las delirantes situaciones, así como el diseño de vestuario y maquillaje. También juega un papel muy importante la música, con una selección de temas idóneos, que hizo mítico el tema “Puro teatro”.
Veinte años después, la pondrán en algunos cines para los que por entonces no teníamos la edad recomendada podamos disfrutarla en gran pantalla, a sabiendas de estar viendo una obra maestra, un trabajo que supuso un punto de inflexión en la carrera del director y de muchos de sus actores, y que con dos décadas a las espaldas, sigue resultando, fresca, entretenida y chispeante, todo un clásico. |