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CINE ORIENTAL

Por Gabriel González Maurazos

MEMORIAS DE MATSUKO


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Acabo de ver la que para mi gusto es una de las mejores películas japonesas, si no la mejor, de lo poco que llevamos de este siglo XXI. Y no es que haya visto mucho cine japonés actual, a decir verdad, pero es que tengo mis razones: me satisface poco.
Pese a lo que puedan decir algunos incondicionales del séptimo arte nipón, creo que la industria cinematográfica del País del Sol Naciente está atravesando una época de franca decadencia artística (dejamos aparte el aspecto económico), una patente escasez de talento que rara vez alcanza para producir algo más que comedietas simplonas que dan horror (de horrorosas que son), películas del llamado Japan Horror que por el contrario dan risa, o historias de un simbolismo tan pretenciosamente sublime e inescrutable que con toda probabilidad no entienden ni los guionistas que las forjaron. Muy atrás quedaron los Kurosawa, los Mizoguchi, los Ozu…

 

Pero se salva de la quema Memorias de Matsuko, el quinto largometraje de Tetsuya Nakashima, un director que hasta ahora había hecho películas bastante mediocres, similares a esas de las que hablaba en el párrafo anterior (y tampoco se puede decir que se prodigue: sólo cinco producciones en dieciocho años). Pero en esta ocasión el bueno de Nakashima se ha salido y, si su trabajo continúa dando tan buenos frutos en los años venideros, a buen seguro que su nombre trascenderá en la historia del cine japonés. De él depende.

 

La historia es verdaderamente sobrecogedora: en un suburbio de Tokio, a orillas de un río, la policía halla el cadáver de una mujer de unos 55 años, que ha sido brutalmente asesinada la noche anterior. Se llamaba Matsuko Kawajiri, y era una mujer que vivía sola en una de las inmundas infraviviendas de aquel barrio, rodeada de basura (padecía eso que los psicólogos llaman “síndrome de Diógenes”) y sin contacto con sus familiares más cercanos.

El gesto cómico de Matsuko que tantas veces reproduce en su vida y que tantos problemas le causa

 Uno de ellos, su sobrino Shou, que también vive en Tokio y trata de abrirse camino sin demasiado éxito en el mundo de la música, se entera gracias a su padre de la muerte de su tía, de cuya existencia apenas tenía noción, porque su familia siempre la había rechazado. A partir de ese hecho, y viendo la frialdad y dureza con la que su padre habla de la que fue su propia hermana, Shou decide empezar a investigar cómo fue la vida de su tía Matsuko, cómo llegó a caer en tal lamentable situación y quién podría haber tenido motivos para asesinarla.

 

Y a partir de ahí, por pantalla se suceden acontecimientos y personas que formaron parte de algún u otro modo de la vida de Matsuko. La trama se ve aderezada por continuas interpretaciones musicales: todos los que la conocen coinciden en señalar que Matsuko tiene una bonita voz y por ello no duda en ponerse a cantar a la menor ocasión. La música es uno de los platos fuertes de esta película, como lo es el sentido del humor (muy japonés, eso sí) de que suelen hacer gala muchos de los personajes de la cinta.

 

Música y humor a raudales: uno podría pensar que Memorias de Matsuko es una comedia musical al uso. Pues no, no os llaméis a engaño: pese a esas brillantes y constantes pinceladas de humor que amenizan y a la vez refuerzan la trama argumental, lo cierto es que Memorias de Matsuko es una de las tragedias más crudas y desoladoras que ha dado el cine japonés a lo largo de su historia.
Una trama donde se dan cita todos los elementos más oscuros de la sociedad japonesa actual (y de cualquier otra sociedad del primer mundo, me atrevería a decir): falta de cariño y de comunicación en el entorno familiar, violencia doméstica, violencia y delincuencia juveniles, acoso laboral, acoso sexual, crimen organizado, prostitución, soledad no deseada… Y de todos esos males es víctima siempre la pobre Matsuko desde su más tierna infancia. Su carácter débil y su exagerada fantasía se muestran bien presentes en todas las etapas de su vida y siempre la conducen irremediablemente al desastre.

 

Alguien podrá pensar que esta mezcla tan radical de aspectos cómicos y trágicos no favorece a la película, pero curiosamente, a mí me parece que Tetsuya Nakajima supo combinarlos con enorme maestría en este largometraje y se complementan con una escalofriante precisión. Esos tintes cómicos o esas canciones infantiles acompañando a una acción trágica son los que convierten a ésta en algo más crudo si cabe y pueden hacerte estremecer y hasta machacarte emocionalmente a poco que seas de lágrima fácil.

 

Una historia de ficción pero que bien podría tratarse de una película basada en hechos reales,por desgracia. Y eso es lo que verdaderamente me produce terror cuando voy al cine, no las historias de niñas zombies o de monstruosos mutantes que salen del río para jalarse a los transeúntes…

Por Gabriel González Maurazos

 

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TÍTULO: MEMORIAS DE MATSUKO
TÍTULO ORIGINAL: KIRAWARE MATSUKO NO ISSHÔ
PAÍS :
JAPÓN
AÑO:
2006
GÉNERO:
TRAGICOMEDIA
DURACIÓN: 130 MIN

 

DIRECTOR:

Tetsuya Nakashima
FILMOGRAFÍA COMPLETA COMO DIRECTOR

-Memorias de Matsuko (2006)
-Kamikaze Girls (2004)
-Beautiful Sunday (1998)
-Natsu jikan no otonatachi (1997)
-Bakkayarô!: Watashi okkote masu (1988)

INTÉRPRETES PRINCIPALES

Miki Nakatani
(Matsuko)


Eita Nagayama
(Shou, sobrino de Matsuko)

Yusuke Iseya
(Ryu, antiguo alumno de Matsuko)

Asuka Kurosawa
(Megumi, amiga de Matsuko)

Teruyuki Kagawa
(Norio, hermano de Matsuko y padre de Shou)

Mikako Ichikawa
(Kumi, hermana de Matsuko)


PRODUCTORA:
Toho Company, Ltd.

GUIÓN:
Tetsuya Nakashima

MÚSICA:

Gabriel Roberto y Tsuyoshi Shibuya

FOTOGRAFÍA:
Shoichi Ato