RIDING ALONE FOR THOUSANDS OF MILES
Argumento:Takata es un reportero japonés que ha dedicado su vida profesional a filmar y documentar espectáculos de ópera por regiones remotas de China. Cuando regresa a su país, Kenichi evita en todo momento el contacto con su padre, un pescador llamado Gouichi, a quien aún guarda rencor porque le abandonó tras la muerte de su madre. Inesperadamente, un cáncer pone en jaque la vida de Kenichi, quien asume que va a morir joven y sin ver cumplido un sueño: el de poder finalizar un reportaje que estaba elaborando sobre una ópera que un actor excepcional llamado Li Jiamin interpreta en una pequeña localidad de la provincia china de Yunnan. Rie, la esposa de Kenichi, lleva a su suegro al hospital y trata de que ambos se reconcilien a última hora, pero Kenichi se niega a recibir la visita de su padre. Conmocionado por ello, Gouichi ve la cinta que contiene el trabajo inacabado de su hijo y decide desplazarse a Yunnan para concluir el reportaje y así lograr el perdón de Kenichi antes de que éste muera. Cuando Gouichi llega a aquella apartada aldea de Yunnan, le informan de que el actor Li Jiamin ha sido encarcelado por haber agredido a alguien que insultó a su hijo ilegítimo. Aunque sus guías le sugieren que grabe la ópera con otro actor, Gouichi insiste en que le gustaría visitar a Li Jiamin y verle actuar, aunque sea entre los muros de la prisión. Mientras espera a que las autoridades penitenciarias le concedan el permiso para entrevistarse con Li Jiamin, Gouichi se dirige a la aldea donde vive el hijo bastardo de Li, para tratar de conocerle y de llevarle con él a la prisión y que vea a su padre, a quien aún no conoce. El niño, llamado Yang Yang, al principio se muestra hostil ante ese extranjero que no habla chino y que para colmo está empeñado en que visite a un padre que nunca conoció porque le abandonó, de igual modo que Gouichi hiciera con su hijo años antes. Sin embargo, Yang Yang poco a poco irá simpatizando con Gouichi, tal vez porque ve en él la figura paterna que nunca pudo tener, mientras que Gouichi ve en Yang Yang la forma de lavar su conciencia por haber dado la espalda a su hijo.
Comentario. Con esta película, que va de reconciliaciones, yo me he reconciliado con Zhang Yimou,
el genial cineasta chino que me permitió descubrir a finales de los años 80 la inmensa fuerza plástica y narrativa del cine oriental con su Sorgo rojo (1987), una película cuya monumental fotografía se mantiene grabada en mi retina veinte años después. De tan placentera manera me convertí en un incondicional del arte de Zhang Yimou, de sus convincentes crónicas de la China atrasada, profunda y rural (Sorgo rojo, Ju Dou, Qiu Ju, Ni uno menos), sus posteriores comedias satíricas y cínicas ambientadas en el Pekín aburguesado de hoy (Keep Cool, Happy Times), o los dramas con fuerte denuncia social ambientados en momentos del pasado más reciente de China (La linterna roja, Shanghai Triad, Vivir).
Todo entre Zhang Yimou y yo iba bien hasta que entre ambos se interpusieron esas terribles concesiones al cine comercial y a la superproducción que se están dando en la China de este siglo XXI. Me refiero a la eficaz fórmula de éxito de taquilla que supo encontrar el director Ang Lee con Tigre y dragón (2000), consistente en ambientar en la China imperial unas historias de ficción algo pretenciosas y abusivamente cargadas de acción y efectos especiales, con espadachines que se suben por las paredes o pegan a la primera de cambio unos saltos imposibles de a kilómetro, cuando menos. Y Zhang Yimou no se ha quedado atrás en esa carrera de conquistar el gran mercado cinematográfico mundial, de tal manera que con sus recientes Hero (2002), La casa de las dagas voladoras (2004) y Course of The Golden Flower (2006), se ha dedicado a satisfacer a un público ávido de esas historietas de críptica e insondable naturaleza más cercanas en su espíritu al videojuego que al guión cinematográfico, aunque vayan elegantemente revestidas de esas excelentes maneras que Zhang Yimou siempre ha ofrecido en el aspecto fotográfico.
Pero en Riding Alone for Thousands of Miles he apreciado un sabio retorno de Zhang Yimou a sus territorios temáticos de siempre, pero con el beneficio de la lógica evolución que proporciona un cuarto de siglo dedicado al cine. El interés que ya de por sí puede suscitar la historia de un padre que trata de expiar las culpas del pasado, se ve incrementado cuando dicha historia se presenta por duplicado y en dos ambientes sociales y culturales radicalmente diferentes, pero asombrosamente vinculados a través de una inteligente trama argumental.
Cabe destacar el buen trabajo de dos actores: el del veterano Ken Takakura, que encarna a Gouichi Takata y demuestra que es uno de los mejores actores japoneses de todos los tiempos; y el del niño Yang Zhenbo (Yang Yang), gratamente natural y convincente. En ambos personajes detecto además una fuerte carga simbólica de índole geopolítica: Gouichi representaría al Japón maduro que vive en el otoño de su desarrollo, mientras que Yang Yang sería la juvenil fuerza de China, una nación en plena e imparable expansión, decidida a tomar de manos de Japón el relevo en el liderazgo económico de Asia. Y es que, al margen de la incuestionable calidad técnica y artística, otro gran valor de este filme es el loable ejercicio de cooperación entre profesionales chinos y japoneses, todo un mérito tratándose de dos naciones cuyas relaciones no siempre se orientan a la concordia y el mutuo entendimiento. Está claro que hay películas que deberían ser de obligado conocimiento para los políticos.
Por Gabriel González Maurazos