Tod
Browning, el director, nos traslada hasta el ámbito siempre
inquietante del circo. En éste, el enano Hans, enamorado y con
unas suculentas arcas, pide la mano de Cleo, la bella trapecista, dejando
de la lado su relación con la amazona liliputiense Frida. Aquí
es donde el personaje de Cleo se muestra como uno de los estereotipos
a los que más ha recurrido el cine moderno: la belleza exterior,
que haciendo uso de una malformación interna, intenta sacar provecho
de la, a priori, inocente existencia de una bizarre fealdad externa
relegada del mundo.
La película, valiente donde las haya, contiene imágenes
que, a los acostumbrados a la "normalidad", no dejará
indiferentes. Hasta que uno comprende desde el pellejo de las criaturas
que la normalidad no existe (ni siquiera debería existir el concepto,
pues en el mundo físico no hay nada que lo defina).
Al final Browning tampoco se compadece
de los freaks. Hace que estos descarguen su odio contra Cleo, que ha
incumplido el código contra uno de los suyos. El desenlace se
sucede en una de las más altas cotas de salvajismos que, y ahí
alabo en parte al director, no se muestra en pantalla. Hubiese sido
innecesariamente morboso, es decir, hubiese cumplido los deseos de muchos
que seguramente visionaron y visionaran la película en ese plan.
Lo mejor:
-A pesar de los años, continúa impactando. Grábese
en la memoria la imagen en que el ama, la abuela del circo, arropa a
sus criaturas y les habla de Dios. Esto dice mucho de cómo Browning
trató a sus actores y de cómo quería que estas
personas fuesen en realidad tratadas.
Lo peor:
-No hacía falta mostrar el aspecto físico al que
Cleo queda reducida después del ataque de su marido y amigos
con el fin de convertirla en lo que ella menos soportaría, uno
de ellos. Insinuarlo habría quedado más limpio. Habría
dado más juego a la imaginación.
Curiosidades:
-Se produjeron reacciones a la película que
dieron lugar a manifestaciones públicas e incluso órdenes
a las alcaldías para retirar el filme de las salas de exhibición.
-La censura en España llegó hasta los años 70,
donde el film se exihibió por primera vez en el Festival de Sitges.
Rogelio
Pujol