Cuando Martin Scorsese buscaba
financiación para llevar a cabo el rodaje de
"Malas Calles" tardó en hallar interesados, y acudiendo de nuevo al
productor
de su anterior trabajo "El tren
de Berta", Roger Corman,
halló como respuesta
que el mismo guión se filmaría si se cambiaba
el escenario de Little Italy y
se pasaba a Harlem. Tal despropósito para Scorsese hizo que este rehuyera de
una idea semejante que no le ayudaba para formular en su película
un mundo y
unas vidas que el no conocía a la perfección como
su universo coral masculino
de sus raíces italianas. A Fernando
Meirelles, director brasileño de la
excelente "Ciudad de Dios",
tal dilema se le apareció también en forma
inquietante sobre un mundo, el de las favelas y los desheredados
de Río de
Janeiro, que se le atañía lejano por su condición
de clase media-alta. El libro
homónimo en el que se basa la película escrito
por Paulo Lins, le abrió los
ojos que tenia vendados, como la mayoría del entorno
donde vivía, aunque había
visto en los informativos y los diarios noticias a borbotones
sobre crímenes
brutales perpetrados por niños y adolescentes que crecían
en un infierno sin
salida ni posibilidad de escape. Su inmersión en tal
caverna la hizo con la
total convicción de testigo ocular denunciante y con
la aquiescencia de ese
microcosmos donde el poder de las mafias tiene la ultima palabr
ARGUMENTO
-Se narra la vida desde finales de los años 60 hasta
mediados los 80, de la
infancia y adolescencia de un grupo de chavales que malviven
en Cidade de Deus,
un suburbio marginal de Rio de Janeiro donde la violencia ,
el narcotráfico y
el aprisionamiento vital entorno al surgimiento de bandas mafiosas
locales,
corroe por la existencia de unas generaciones que se ven envueltas
en guerras y
crudas realidades. Ze Pequeño logrará el poder
convirtiéndose en
narcotraficante, y su amigo Buscapé se aferrará
a su pasión por la fotografía
como última suerte de redención para salir de
tal infierno.
LO MEJOR DE LA PELICULA
-Una vez logrados los beneplácitos
consentimientos para poder filmar en las
favelas, Meirelles aunó
algún actor profesional como Seu
Jorge, en el papel del
capo Mane Galinha, visto en "Estación
Central de Brasil", y una mayoría
dominante de chicos de tal entorno para asegurar una mayor veracidad
y
contundencia en su mensaje.
- Los espejos funcionales, abruptos en su veracidad, y con
talento y descaro
interpretativo, de unos jóvenes, que en el film juegan
a ser si mismos y que
saltan al metalingüismo de personajes tan cercanos a nosotros
como El Vaquilla,
o el Torete, con la necesaria pausa entre realidad y ficción
de la que estos
últimos se empaparon nocivamente.
- El encontronazo con el cine de alto voltaje de este brasileño,
capaz de
acelerar y pausar, y agilizar a su antojo esta sucesión
histórica de momentos
claves en ese imperio de la contemporánea degradación
social que es Ciudad de
Dios, no solo parte de la simple y vieja forma del cine de denuncia
social,
sino del virtuosismo, la personal intertextualidad, que plantean
tal problema
con desgarradora fuerza que acerca el Mal hacia el destino y
la salida de tal
pozo nauseabundo.
- El desahucio moral de estas familias que son apartadas
a Ciudad de Dios como
última suerte de poder vivir, es narrado de forma impecable
por una estructura
típica de las historias de "ascensión y caida
de..." que entronca con la
mixtificación de maestros como el citado Scorsese de "Malas Calles" o "Uno de
los nuestros".
LO PEOR DE LA PELÍCULA
-Sinceramente no se me ocurre nada. Quizás
lo malo es que algunos espectadores vean la película solo como un espectáculo entretenido,
y que no les alarme la conciencia. Y que no sea distribuida como dios manda, así
como que no se tenga paciencia para poder dejarla tiempo en las carteleras y a muchas
ciudades ni llegue. Un premio gordo le ayudaría mucho (la crítica
la aplaudido bastante). ¿Quizás un Oscar?.
ESCENAS RESALTABLES:
-Escenas como la que da comienzo a la
película por los itinerarios de la
ciudad, son partícipes de la bajada al mundo de la concupiscencia
mafiosa de
Ray Liotta junto a Lorraine
Bracco por los clubs de moda en "Uno
de los
nuestros".
- La muerte de uno de los niños de la banda "Los
raterillos".
- Las últimas escenas totalmente
inquietantes y contundentes.
- El asalto al burdel por el "Trio
Ternura", visto desde varios puntos de vista.
Y tantas otras,...
CONCLUSIÓN
-Atestiguar esta vez sí, una obra maestra de este siglo
XXI, que se mira en una
época pasada, con sus respectivas texturas y estéticas
logradas a la
perfección bajo el monstruo amarillo que resulta ser
el sol de Río, para
concienciarnos de que lo que se denuncia sigue sucediendo. Creando
un ir y
venir al interior del corazón cerrado de tal envoltorio
trágico siempre bajo el
punto de vista del héroe o antiheroe (según como
se mire) Buscapé, narrador de
los primeros años de su vida, siendo testigo de la reafirmación
de su gente
como cazadores de la vida fácil, de aquella que son apartados
y de la que bajo
los instintos humanos más básicos se autodenominan
fuertes buscadores. Cada
niño con su respectiva arma de fuego bajo el brazo, redentor
juego, que como el
balón es una pieza clave para poder salir de tal vida
infernal, nos acerca
verídicamente a una realidad reconocida (lamentablemente
como tantas otras)
pero que sinceramente nos la traía floja, y ante el peculiar,
íntimo, cercano y
cinematográficamente brillante asalto de Fernando
Meirelles a la conciencia
general, se nos da la última y valiosa prueba de una
denuncia alarmante, la de
una palpable y concíclica existencia donde los puntos
de la honestidad, la
corrupción, el amor, la violencia, la amistad y la muerte
se hallan enfrentados
y se desgarran por causas de roce de una vida trágica
de principio a fin, que
como en los cuentos, el destino y la superación humana
resbalan en la cruel
realidad surgiendo un sueño o una pesadilla que pueden
ser verdad.
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MIGUE
MUÑOZ
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