Sin acabar de emplearse a fondo en su vertiente psicológica (muchos estarían de acuerdo en que la maniqueísta manera de tratar los trapos sucios que el FBI al parecer se inventó (tema pornografía y catolicismo entremezclado) no quedan bien reflejados en este film, que quizá se quede corto),en esta segunda hazaña, el director de “El precio de la verdad” en 2003, Billy Ray, muestra un cine norteamericano inusual, una de espías que no se visiona como tal.
-Fría, tensa e inteligentemente montada, esta es una película apasionante más narrada que diseñada. Se cuida cada plano detalladamente, pero no atendiendo a aspectos de atrezzo y tampoco al maquillaje, quizá en lo que menos se gastó el productor fuera en lucir un vestuario ejemplar, sino más bien en cuidar cada diálogo, cada gesto y mirada. Y en esto el señor Cooper se alza a lo grande en cada plano que le otorgan. La suya es una interpretación lenta, de un personaje amargado, al borde del abismo, pretencioso, engreído, corrupto y malsano hasta el paroxismo, homófobo como todo buen católico se supone ha de ser y finalmente, humano.
-Cooper interpreta al agente Hanssen, ferviente católico con un gran conflicto interior. Arrestado el 18 de febrero de 2001 en Foxstone Park, cerca de su domicilio en Vienna, Virginia, fue inculpado por vender secretos a Moscú durante 22 años. Hanssen recibió por estos secretos más de 1,4 millones de dólares en dinero líquido y diamantes y su traición ha sido considerada como uno de los mayores desastres de la inteligencia en la historia de los Estados Unidos. El 10 de mayo de 2002, y gracias a su cooperación con las autoridades americanas, la pena de muerte le fue conmutada por una condena a cadena perpetua que, actualmente cumple en una celda de aislamiento en la prisión federal de Alta Seguridad en ADX Florence, en Florence (Colorado) limitando su conexión con el mundo a una hora diaria. |