Grata sorpresa la de esta pequeña joya. Con un modo novedoso de tratar el delicado tema que trata, se nos presenta esta candidata a la mejor película de este año.
El film sorprende en varios sentidos. Sorprende la naturalidad de su actriz principal, sorprende en los diálogos, sorprende en las reacciones de los personajes implicados en la trama y sorprende en la naturalidad con el que se trata el tema. Fuera de tópicos, Juno es una película atrevida y suficientemente bonita y cercana como para gustar a todo tipo de público. Sabe conectar con la mente del espectador regalándole perlas en forma de diálogos efectivos diseñados por unos guionistas en estado de gracia. Y es muy complicado hoy en día hacer algo diferente e inteligente sin dejar de lado la comercialidad y sin entrar en conceptualismos minoritarios. Porque lo que diferencia a Juno y la hace irrepetible es la cercanía y la conexión que posee con el gran público sin dejar de lado los diálogos más cerebrales y estimulantes que se hayan visto en los últimos meses en la gran pantalla.
Si bien es cierto que se muestra algo idealizada en la forma en que la adolescente protagonista afronta su “problema”, la película también sabe encontrar su camino cuando nos muestra que tras la fachada de pasotismo constante de su protagonista, existen los miedos normales de alguien de su edad. Y es en ese momento, cuando Juno se vuelve más cercana y mucho más interesante.
Y además, Juno ofrece muchos más temas que el de los embarazos en la adolescencia. Dicho tema sirve de enlace a temas más profundos e igual de interesantes que el susodicho. Hablamos de temas como: las relaciones paternofiliales, la obsesión de ser madre, la ruptura de una pareja y sus consecuencias, el primer amor, etc. En fin, que cuando uno va al cine y se encuentra con una película inteligente, cercana y realista e idealista en su justa medida como lo es Juno, uno sale más que ancho de la sala. |